No hay nada, como
dejar de ser anónimo. Para que la gente te vea atractivo/a. Vivimos en un mundo
de personas comunes, personas feas, guapas, interesantes, o dolorosas a lo
visual. Un mundo anodino que premia la belleza como el primer paso para conocer
a alguien. Nuestra imagen es, nuestra carta de presentación. El primer paso que
damos para abrir nuestra persona al conocimiento. Intentamos mostrarnos lo
mejor posible. Ser así, mejor vistos en la sociedad.
Imagen, belleza,
conservación, apariencia… preocupaciones cotidianas en nuestro día a día. Son muchas
las personas que cuidan su imagen. La intentan mejorar. Cosméticos, deporte,
ropa, maquillaje, depilación… existen mil y una manera de engañar a la
genética. Cierto es, que somos presionados por los medios audiovisuales. Ellos que
viven de la imagen, nos muestran lo que es, o lo que debe ser. Dan sus pautas y
cánones de belleza. Ya lo dicen; “si no entra por los ojos… no entra”.
Es que, vivimos de lo
visual. La vista nos aporta multitud de información. Es el primer sentido, que
no aporta un primer examen de lo que nos rodea. Sí, un examen. Nuestro cerebro
tiene una parte que se llama cerebro primario o cerebro histórico. Recopila con
nuestro ADN, multitud de información acumulada por la evolución de nuestra
especie. Una especie de herencia en el aprendizaje de nuestros ancestros. Y en
este aprendizaje ancestral, la belleza nos enseñaba que una persona era sana. Que
su vida no pasó
por penurias, ni enfermedades. Por eso, ese rostro era hermoso. Porque la vida no se había cebado con des fortunios.
Pero como ya he dicho
al principio: No hay nada, como dejar de ser anónimo. Para que la gente te vea
atractivo/a. Y me refiero al cine, música o televisión. Multitud de personajes
o personalidades que al aparecer en televisión u otros medios audiovisuales nos
resultan de lo más atractivos. Cuando en realidad, son gente de lo más común. Persona
que al exponerse a lo público, son vistas por miles de ojos. Y no únicamente
muestran sus cuerpos o rostros, sino también su manera de ser, de vivir o su
alma.
Realmente es esto
último lo que los hace tan atractivos. No es cosa sólo de su físico, sino
también de todo lo demás que muestran. Sus gestos, sus palabras, sus muecas… en
una palabra, su alma.
Lo que os quiero
decir. Es que no os preocupéis tanto por esa carta de presentación que es
vuestra imagen. Sino que busquéis la manera de haceros presentes. De presentaros
al mundo y enseñar quiénes sois. No tengáis miedo porque os conozcan. Porque
vean vuestras risas, vuestras muecas o tics. Mostraros, mostraros como el
momento os lo pida. Ser vosotros mismos, porque tened claro que yo, no puedo
ser vosotros.
Olvidaros del
estúpido físico. Que esto no os limite. Mostraros, exhibiros con gracia e ilusión.
Disfrutar con vosotros mismos, y los demás disfrutarán con vosotros también. Y
por muy difícil que penséis que sois de ver. Recordad, que el ojo se acostumbra
a toda condición. Y que el cariño y el aprecio que alguien te puede dar. Puede ser
adictivo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario