Todo el
mundo conoce el significado de la palabra karma. Incluso existió un tiempo, en
que el Karma y el budismo estuvieron de moda. Todo el mundo era feliz con sus buenas intenciones y la bondad
absoluta de este mundo.
Pero parece que todo esto llegó a su final. Pocos recuerdan toda esta historia tan fenomenal en
los buenos tiempos. “la felicidad recae en la buenas acciones”. Y sí,
Felicidad. Que bonito nombre tienes… ahora
el mundo está envuelto en un velo oscuro. En un día de tormenta de verano, con
demasiada calor y con un cielo demasiado negro y poco esperanzador.
Somos bombardeados por noticias económico-sociales
negativas. Nuestro futuro cada vez es más preocupante y desamparador. El trabajo
escasea. Y el poco que hay…. Deja mucho que desear. Algunos contratos llevan el
sello de tiempos imperiales, otros sin embargo son contratos de régimen de esclavitud.
Aceptados con ilusión, pues no hay nada mejor. Y joder… mejor hacer algo, que
estar pudriéndose en casa. Con la cabeza apelmazada de incertidumbre y negatividad.
Y para los que estáis trabajando. Artos y
cansados de vuestros jefes… temiendo ser o decir algo. Agobiados por la falta
de tiempo y apelmazados por el cansancio.
Es entonces, cuando vosotros y yo. (Que también estoy
presente con estas palabras.) Recordaremos al maldito Karma. Ese redomado que
nos recuerda que; “las buenas acciones y el buen pensamiento nos conducirá por
el buen sendero. Y este, a la Felicidad” (Que bonito nombre sigues teniendo,
puta. Que parece que trabajes por horas y escondida en los peores callejones
del mundo) Y si hay algo de cierto en él… la estamos jodiendo. La poca buena
intención, el poco positivismo o ilusión que había en nosotros. Se está
pudriendo al mismo ritmo que se pudre el mundo. Y como cagarnos en todo,
desquiciarnos y acordarnos de las putísimas madres ya lo hemos hecho. No será
mejor probar y recordad aquellas buenas costumbres del pasado.

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